ADOLFO KOLPING

Su vida

1813 (8 de diciembre) Adolfo Kolping nace en Kerpen, cerca de Colonia, como el cuarto de los cinco hijos de Pedro y Ana María. “Fue un tiempo feliz, el bendito tiempo de mi juventud en el seno de mi familia. Se bebía amor a grandes tragos” .

1820 – 1826   Es alumno de la escuela básica de Kerpen.

 

1826 – 1837 Ejerce el oficio de zapatero: primero como aprendiz en su pueblo natal, perfeccionándose después a través de prácticas sucesivas en distintos lugares.

 

1837 – 1841 Estudia la enseñanza media en el Colegio de San Marcelo en Colonia.

1841 – 1842 Estudia en la Universidad de Munich.

1842 – 1844 Estudia en la Universidad de Bonn.

 

1845 (13 de abril) Es ordenado sacerdote en la iglesia de los Minoritas en Colonia. Se interesa por la situación de los artesanos, en especial de los jóvenes. Fue la época de la “Revolución industrial”, con la aparición de la máquina a vapor: Como consecuencia, un gran número de talleres tuvo que trabajar en condiciones cercanas a la miseria y otros tantos quebraron, con lo cual muchos artesanos perdieron su independencia viéndose obligados a engrosar las filas de desempleados.

 

1847 (julio) Se convierte en el segundo asesor eclesiástico de la “Asociación de Jóvenes Artesanos” de Elberfeld, fundada en 1846.

 

1849 (6 de mayo) Funda la “Asociación de Jóvenes Artesanos” en Colonia; estableciendo como objetivos: hacer de los jóvenes padres de familia responsables, cristianos auténticos, trabajadores capacitados y ciudadanos honestos y formando grupos de autoayuda que luego se llamarían “Familias Kolping”. Esta Asociación se transformó más adelante en la Obra Kolping Internacional, desparramada en 64 países de los cinco continentes;

 

1862 (1º de enero) Es nombrado Rector de la Iglesia de los Minoritas en Colonia.

 

1862 (22 de abril) El Papa Pío IX le otorga el título de honor de “Secretario de Cámara Papal”.

 

1865 (4 de diciembre) Muere en Colonia luego de una larga y penosa enfermedad.

 

1866 (30 de abril) Sus restos mortales son trasladados a la iglesia de los Minoritas.

 

1991 (27 de octubre) Es beatificado en Roma por el Papa Juan Pablo II. que puntualizó: “Confiamos que el Padre Adolfo Kolping sea canonizado, pues nuestra época necesita de personalidades como la del Padre Kolping que sirvan de guía y ejemplo”.

* Recemos por la pronta Canonización del Beato Adolfo Kolping.-

Adolfo Kolping: El carisma de un pastor

Mons. Axel Werner, Asesor General y Presidente de la Obra Kolping Internacional

Lejos de la acogida que brindan la familia y los amigos y apartada también de los lazos con la Iglesia, la joven generación del siglo XIX se vio enfrentada a desafíos particularmente difíciles. Una formación deficiente, la desorientación, la sensación de falta de sentido y de dignidad caracterizaban la vida diaria de muchas personas jóvenes en las zonas industrializadas de Europa. La industrialización transformó la vida de generaciones enteras. El trabajo – ya no la naturaleza – determinaba el ritmo de vida. Las necesidades de una producción que requería el empleo de miles de nuevos trabajadores, se superponían de modo dramático a las necesidades existenciales de la generación joven.

Aspiraba Adolfo Kolping en relación a los jóvenes miembros de su asociación de artesanos: a la formación de grupos donde las personas jóvenes pudieran encontrar protección, orientación y un hogar

Evidentemente, con la idea de la asociación, logra ofrecerles algo que hasta ese momento les había faltado: Una comunidad que protege y que brinda acogida, en la que se transmite formación y cultura, que permite disfrutar entre semejantes y que ayuda a profundizar las convicciones  religiosas. Los jóvenes artesanos de entonces seguían con gusto a un pastor de ese tipo. Él les brindaba orientación, modelos y parámetros de valores y les recordaba de modo infatigable que esos valores constituían la base para mejorar sus vidas. A través de Adolfo Kolping se vuelve visible el amor de Dios hacia nosotros los seres humanos.

“Sólo en uno está la salvación, también para la situación social, y a ese uno pertenecemos, y ningún poder terrenal puede ni debe apartarnos de él”.

El padre de los jóvenes artesanos no se contentó con sólo mirar las falencias del mundo y lamentarse por los sufrimientos, por la maldad y las tentaciones; por el contrario, abordó con todas sus fuerzas la tarea de superar esas falencias.

Adolfo Kolping dedicó su fuerza de trabajo y su espiritualidad a la construcción de una sociedad mejor porque “Mejores personas hacen una sociedad mejor”.

Su carácter infatigable fue, en ese sentido, un aspecto decisivo de su trabajo. “Arraigado en Dios en medio de la vida”, ese es el modo más certero de describir el carisma de nuestro fundador.

 

c) “La relación con Dios” o la “espiritualidad”

“De los Sacramentos, de las Sagradas Escrituras y de la oración sacaba sus fuerzas para crear una obra que debía servirte a Ti y a los seres humanos”. En esa breve frase se describen las fuentes fundamentales de la vida espiritual de nuestro fundador. Y éstas no son distintas de aquellas fuentes que deben ser válidas para todos los cristianos en su vida de fe.

frase del año 1858 (13 de junio) ilustra claramente nuestra descripción del carisma de Adolfo Kolping. “Si sólo se trabaja y no se ora, entonces el pan se va desmenuzando en la mano y deja de alimentar al hombre; pues la bendición de Dios está en orar y trabajar”.

Los numerosos testimonios que nos han llegado acerca de la vida de oración de nuestro fundador nos permiten decir hoy que la oración fue una de las principales fuentes de energía para el trabajo de Adolfo Kolping.

Como miembros de una asociación social católica, la oración constituye un elemento irrenunciable de nuestras vidas. La Familia Kolping no sólo se caracteriza por su solidaridad en los asuntos de la vida cotidiana, sino que es especialmente una comunidad de oración y de fe. Ser un cristiano comprometido implica la fe que se articula en la palabra y en los hechos. La fe personal de cada uno encuentra su expresión en la oración, que debe practicarse tanto en forma comunitaria como en forma individual. En la oración nos confiamos y confiamos nuestras vidas a Dios. En la oración nos fortalecemos en la convicción de que Dios es un Dios que acompaña nuestras vidas y que realmente nos regala todo lo que necesitamos para vivir.

“He experimentado quién sabe cuántas veces que a través de la oración a menudo se puede llegar mejor al corazón de las personas que mediante otros recursos humanos. Por supuesto, no se pueden bajar los brazos”.

En ese punto, Adolfo Kolping expresa una exigencia a la que no podemos cerrarnos en la actualidad como Obra Kolping y como Familia Kolping. De modo autocrítico, debemos plantearnos una y otra vez la pregunta si como Obra Kolping o como Familia Kolping somos una comunidad donde la fe está viva. ¿Somos una comunidad que comparte la vida y la fe y donde el individuo puede sentir que es apoyado por la oración de todos? ¿Somos una comunidad donde es posible hablar de la fe e interpretar de modo conjunto la experiencia de la fe? ¿Impera en nuestros grupos un clima que permite percibir la presencia de Jesucristo? Es la voluntad de Adolfo Kolping que en nuestras Familias Kolping las dimensiones sociales y espirituales de nuestra fe puedan vivirse de modo cada vez más intenso.

d) Mirar al ser humano

“El amor activo cura todas las heridas; las meras palabras sólo aumentan el dolor”.

“Un sabio judío les pregunta a sus alumnos: ¿Cómo se puede determinar el momento en que termina la noche y comienza el día? El primer alumno le contesta: Cuando en la distancia se puede distinguir una higuera de una palmera. La respuesta del segundo alumno es: Cuando puedo distinguir una oveja de una cabra. Hasta que el rabí finalmente da él mismo la respuesta: Cuando miras el rostro de un hombre y reconoces en él a tu hermano o a tu hermana, entonces ha terminado la noche, entonces comienza el día”.

Como amigos Kolping, revisemos la dirección de nuestra mirada: Fijémonos cuándo aprovechamos la oportunidad para mirar para otro lado, mirar para abajo o, incluso, para pasar algo por alto. Aprendamos de Jesucristo y de Adolfo Kolping lo que significa mirar a las personas que necesitan algo, rescatando su dignidad. Aprendemos de Jesucristo y de Adolfo Kolping a no adoptar delicadas conductas evasivas al toparnos con la necesidad evidente. Aprendemos de ellos que quien cayó en la necesidad, requiere interlocutores para sus pequeñas y sus grandes preocupaciones. Aprendemos que los problemas – las grandes y pequeñas necesidades de los niños, los paralíticos, los sordos, los publicanos y los adúlteros – deben tomarse en serio.

Adolfo Kolping vio la vida como una tarea que había que encarar y resolver. Quiso presentarles a sus jóvenes amigos la vida como una oportunidad que vale la pena aprovechar. He intentado delinear el particular carisma de Adolfo Kolping en cuatro puntos para que saquemos provecho de él para el trabajo de nuestra asociación. También en la actualidad, la importancia de darles orientación a las personas a través de nuestro trabajo, sigue constituyendo una aspiración irrenunciable de las actividades de la Obra Kolping Internacional.

El verdadero encuentro entre las personas adquiere su particular valor cuando acontece de corazón a corazón. Quien desee ayudarle a un ser humano, primero debe acogerle de manera adecuada.

“Quien desee ganar a las personas, deberá dar en prenda su corazón”,